Henry Morales / AFP
Entre “letras” y “verdes”: relato de una cobertura fallida Por Henry Morales Arana
Una soleada y tranquila mañana de domingo contrastaba con lo que estaba a punto de pasar. Un grupo de periodistas fuimos convocados para entrevistar a líderes de una de las pandillas que operan en Centroamérica, una cobertura casi imposible de rechazar pese al riesgo que representa porque muchas cosas pueden salir mal y, en efecto, todo salió mal.
Recibidas la información sobre el lugar del encuentro, los periodistas en columna avanzamos por una vereda hasta llegar a una colonia popular donde se desató el infierno.
En cuestión de segundos, el grupo de comunicadores quedamos en medio de fuego cruzado por un enfrentamiento entre militares y miembros de la pandilla que las "letras", como se le conoce a la Mara Salvatrucha, junto al Barrio 18 las más temidas del norte de Centroamérica.
"Somos prensa, somos prensa", era el grito de los periodistas entre disparos y humo en esta zona semiurbana en San Salvador, un área que se repite en muchos países de la región. Varios se arrastraron por el suelo para evitar un impacto de bala.
En mi caso, dos militares me separaron del grupo y me llevaron a una zona para interrogarme sobre qué hacía en ese lugar. Yo me identifiqué como periodista de la agencia internacional de noticias AFP. Fui cuestionado si conocía a colegas del medio y en un inicio negué conocerlos.
Tras pasar el impacto de quedar en medio del fuego cruzado, reaccioné y afirmé conocerlos. Entendí que los "verdes", sobrenombre que los grupos delincuenciales dan los militares, era establecer que estaba diciendo la verdad: que en realidad sí era periodista.
Después de pasar varios minutos atado de manos y con una venda en los ojos, fui liberado y volví con el resto de los colegas que la estaban pasando peor. Dos periodistas que se habían adelantado al grupo resultaron heridos.
Uno de los periodistas estaba siendo evacuado por un esguince de tobillo y otra por una fractura expuesta en la pierna, por lo que fue un reto físico extraerlos hasta una zona segura.
Fue en ese momento que el grupo utilizó el adiestramiento para prestar primeros auxilios. Los colegas fueron estabilizados con férulas y vendajes para luego iniciar el proceso de evacuación.
En el caso de la colega con fractura expuesta, fue trasladada con la técnica de camilla de seis personas, que consta de levantar con los brazos al herido y caminar coordinadamente, una situación que se fue complicando por lo irregular, lodos y empinado del terreno.
Además, nuevamente quedamos en medio de disparos de militares quienes volvieron a interrogar al grupo. A unos fotoperiodistas les recogieron las tarjetas de las cámaras en medio del pánico que se apoderó de otros por el impacto físico y emocional que se llevaba en ese momento.
Al final, los militares se alejaron y quedó el último tramo para llevar a los colegas lesionados a una zona segura. El grupo optó por ir relevando la técnica de camilla y con cierta tranquilidad, pero con la adrenalina disparada se alcanzó un sitio donde recibieron atención médica profesional.
La cobertura pudo terminar en una tragedia peor y una parte importante de la reacción del grupo de periodistas fue el entrenamiento recibido en el curso de Riesgo Cruzado, una formación esencial para saber cómo reaccionar ante la incertidumbre que es parte de nuestra profesión.